EL CABALLERO
iPoned fuego a la casa por sus cuatro esquinas! iPerezcan entre llamas los hijos del Infierno!
LA VOZ DE TODOS
iNo hay ley de Dios! iNo hay ley de Dios!
De pronto cesa el clamor. Espantados de sus voces, mendigos y criados oyen en un gran silencio descorrer los cerrojos de la puerta: Se abre rechinando, y sobre el umbral, como una sombra de malas artes, aparece Andreina. Al mismo tiempo, asoman con barbara violencia los cuatro segundones en aquel balcon de piedra que remata con el escudo de armas: iAguilas y Lobos! Todos hablan en un son.
DON MAURO
iYa teneis franca la puerta!
DON ROSENDO
iEntrad, si os atreveis!