—Señor, ¿queréis que avise a Volfani?
—Volfani está avisado. Él ha sido quien preparó la fiesta.
Me incliné, murmurando un elogio de mi amigo:
—¡Señor, admiro cómo hacéis justicia a los grandes talentos del Conde!
El Rey guardó silencio, como si quisiese mostrar disgusto de mis palabras: Luego abrió la vidriera, y dijo extendiendo la mano:
—No llueve.
En el cielo anubarrado comenzaba a esbozarse la luna. A poco llegó Volfani:
—Señor, todo está dispuesto.
El Rey, murmuró brevemente:
—Esperemos a que cierre la noche.