—¿Y vuestra madre lo sabe?

—Sí.

—¿Y qué dice?

Las niñas se miraron vacilantes. Hubo entre ellas un cambio de sonrisas. Después exclamaron a un tiempo:

—Mamá dice que está loco.

Candelaria las llamó, y se alejaron corriendo
para cortar las alas a los pichones y soltarlos
en las estancias del Palacio. Aquel
juego que amaba tanto de niña, la
pobre Concha.