Y las dos ancianas vestidas de seda negra, susurraron:
—¡Algún insolente!
Cambiaron entre ellas una mirada tímida, como para infundirse ánimo, y quedaron atentas, con un ligero temblor. Las aldabadas volvían á sonar, pero esta vez era dentro del Palacio Gaetani. Una ráfaga pasó por el salón y apagó algunas luces. La Princesa lanzó un grito. Todos la rodeamos: Ella nos miraba con los labios trémulos y los ojos asustados: Insinuó una voz:
—Cuando murió el Príncipe Filipo, ocurrió esto... ¡Y él lo contaba de su padre!
En aquel momento el Señor Polonio apareció en la puerta del salón, y en ella se detuvo. La Princesa incorporóse en el sofá, y se enjugó los ojos: Después, con noble entereza, le interrogó:
—¿Ha muerto?
El mayordomo inclinó la frente:
Una onda de gemidos se levantó en el estrado. Las damas rodearon á la Princesa, y el Colegial Mayor se santiguó.