—¡Hemos corrido toda Ligura!
—¡Vosotras!
Ante el asombro de la Princesa, las dos señoras se miraron sonriendo:
—Cuéntale tú, Antonina.
—Cuéntale tú, Lorencina.
Y luego las dos comienzan el relato al mismo tiempo: Habían oído un sermón en la Catedral: Habían pasado por el Convento de las Carmelitas para preguntar por la Madre Superiora que estaba enferma: Habían velado al Santísimo. Aquí la Princesa interrumpió:
—¿Y cómo sigue la Madre Superiora?
—Todavía no baja al locutorio.
—¿A quién habéis visto?
—A la Madre Escolástica. ¡La pobre siempre tan buena y tan cariñosa! No sabes cuánto nos preguntó por ti y por tus hijas: Nos enseñó el hábito de María Rosario: Iba á mandárselo para que lo probase: Lo ha cosido ella misma: Dice que será el último, porque está casi ciega.