—No temáis...

Abrí el libro con religioso cuidado, aspirando la fragancia delicada y marchita que exhalaba como un aroma de santidad. En voz baja leí:

—«La Ciudad Mística de Sor María de Jesús, llamada de Agreda.»

Volví á entregárselo, y ella, al recibirlo, interrogó sin osar mirarme:

—¿Acaso conocéis este libro?

—Lo conozco porque mi padre espiritual lo leía cuando estuvo prisionero en los Plomos de Venecia.

María Rosario, un poco confusa, murmuró:

—¡Vuestro padre espiritual! ¿Quién es vuestro padre espiritual?

—El Caballero de Casanova.

—¿Un noble español?