—¿Serán muy edificantes?
—¡Oh!... ¡Cuánto aprenderíais en ellas!... Jacobo de Casanova fue gran amigo de una monja en Venecia.
—¿Como San Francisco fué amigo de Santa Clara?
—Con una amistad todavía más íntima.
—¿Y cuál era la regla de la monja?
—Carmelita.
María Rosario calló ruborizándose, y quedó con los ojos fijos en el cristal de la fuente, que la reflejaba toda entera. Era una fuente rústica cubierta de musgo: Tenía un murmullo tímido como de plegaria, y estaba sepultada en el fondo de un claustro circular, formado por arcos de antiquísimos bojes. Yo me incliné sobre la fuente, y como si hablase con la imagen que temblaba en el cristal de agua, murmuré:
—¡Vos, cuando estéis en el convento, no seréis mi amiga!...
María Rosario se apartó vivamente: