—Pues a no dilatarlo, mi jefe. La canoa tengo en los bejucales.

—Debo decirte que te juegas la respiración, Zacarías.

—¡Para lo que dan por ella, patroncito!

V

Husmea el perro en torno del maguey culebrón, y bajo la techumbre de palmas engresca el crío, que pide la teta, puesto de pie, al flanco de la madre. Zacarías aseñó a la mujer para que se llegase:

—¡Me camino con el patrón!

Apagó la voz la chinita:

—¿Compromiso grande?

—Esa pinta descubre.

—Recuerda, si te dilatas, que no me dejas un centavo.