El honrado gachupín se quedó mirando al sobrino. Súbita y consoladora luz iluminaba el alma del viejales:
—¡Una alhajita de menos tasa!...
LIBRO TERCERO
EL CORONELITO
I
Zacarías condujo la canoa por la encubierta de altos bejucales hasta la laguna de Ticomaipú. Alegrábase la mañana con un trenzado de gozosas algarabías —metales, cohetes, bateo—. La indiada celebraba la fiesta de Todos los Santos. Repicaban las campanas. Zacarías metió los remos a bordo e, hincando con el bichero, varó el esquife en la ciénaga, al socaire de espinosos cactus que, a modo de cerca, limitaban un corral de gallinas, pavos y marranos. Murmuró el cholo:
—Estamos en lo de Niño Filomeno.
—¡Bueno va! Asómate en descubierta.
—Posiblemente, el patroncito estará divirtiéndose en la plaza.
—Pues le buscas.