—¿Desecha usted la conjetura de un encuentro fortuito?
—¡Pues y quién sabe!
—¿El rumbo por donde mora la chinita, usted lo conoce?
El honrado gachupín quedó en falsa actitud de hacer memoria:
—Me declaro ignorante.
II
El honrado gachupín cavilaba, ladino, si podía sobrevenirle algún daño: Temía enredar la madeja y descubrir el trueque de la prenda. El Coronel Licenciado le miraba muy atento, la sonrisa suspicaz y burlona, el gesto infalible de zahorí policial. El empeñista acobardose y, entre sí, maldijo de Melquíades:
—En el libro comercial se pone siempre alguna indicación: Lo consultaré. No respondo de que mi dependiente haya cumplido esa diligencia: Es un cabroncito poco práctico, recién arribado de la madre patria.
El jefe de Policía se apoyó en la mesa, inclinando el busto hacia el honrado gachupín:
—Lamentaría que se le originase un multazo por la negligencia del dependiente.