—Va usted a comparecer en presencia de mi superior jerárquico, Coronel López de Salamanca. Deposite usted esa criatura en tierra y marque el paso.
—¿La criatura ya podré llevármela?
—La Dirección de Policía no es una Inclusa.
—¿Y al cargo de quién voy a dejar el chamaco?
—Se hará expediente para mandarlo a la Beneficencia.
El crío, metiéndose a gatas por entre los gendarmes, huyó al cenagal. Le gritó afanosa la madre:
—¡Ruin, ven a mi lado!
El caporal cruzó la puerta del chozo, encañonando la oscuridad:
—¡Precaución! Si hay voluntarios para el registro, salgan al frente. ¡Precaución! Ese roto es capaz de tirotearnos. ¿Quién nos garanta que no está oculto? ¡Date preso, Cruzado! No la chingues, que empeoras tu situación.
Rodeado de gendarmes, se metía en el chozo, siempre apuntando a los rincones oscuros.