—La reliquia de mi chamaco. Una carnicería que los chanchos me han dejado. Va en este alforjín.
El Coronel le tendió la mano:
—-Me ocasiona un verdadero sentimiento, Zacarías. ¿Y cómo no has dado sepultura a esos restos?
—A su hora.
—No me parece bien.
—Esta reliquia nos sirve de salvoconducto.
—¡Es una creencia rutinaria!
—¡Mi jefecito, que lo cuente el chingado gachupín!
—¿Qué has hecho?
—Guindarlo. No pedía menos satisfacción esta carnicería de mi chamaco.