Alentó el espectro con expresión mortecina:
—Por ahora vamos cobrando.
—Son ciento veintisiete soles por barba.
—¡La puerta nos ha chingado!
—Más debió chingarnos. En una situación tan lamentosa, es de muy mal augurio ganar en el juego.
—Pues déjele la plata al Roto.
—No es precisamente la contraria.
—¿Va usted a seguir jugando?
—Hasta perder. Solo así podre tranquilizar mi ánimo.
—Pues yo voy a tomar el aire. Muchas gracias por su ayuda y reconózcame como un servidor: Bernardino Arias.