—Es una carta fregada.

—Pues moriremos en ella. Amigo tallador, ciento sesenta soles en la sota.

Respondió el Roto:

—¡Van!

Se almibaró Nachito:

—Muchas gracias.

Y repuso el tahúr, con su mueca leperona:

—¡Son las que me cuelgan!

Volvió la baraja, y apareció la sota en puerta, con lo cual moviose un murmullo entre los jugadores. Nachito estaba pálido y le temblaban las manos:

—Hubiera querido perder esta carta. ¡Ay, amigo, nos tiran la contraria en Foso-Palmitos!