Y murmuraba desabrido un titulado Capitán Viguri:
—¡Siempre la Virgen se le aparece a los pastores!
Y Nachito, al mismo tiempo tenía en la oreja el soplo del hepático espectro:
—Debemos repartir.
Denegó Nachito con un frunce triste en la boca:
—Después del quinto golpe.
—Es una imprudencia.
—Si perdemos, por otro lado nos vendrá la compensación. ¿Quién sabe? ¡Hasta pudieran no fusilarnos! Si ganamos es que tenemos la contraria en Foso-Palmitos.
—Déjese, amigo, de macanas y no tiente la suerte.
—Vamos con la sota.