El Generalito rasgaba la boca con falsos teclados. Asentían con militar tiesura los ayudantes. La escolta dragona, imperativa de brillos y sones marciales, rodeaba el landó. Apartábanse las plebes al temor de ser atropelladas, y repentinos espacios desiertos silenciaban la calle. En el borde de la acera, el indio de sabanil y chupalla, greñudo y genuflexo, saludaba con religiosas cruces. Se entusiasmaban con vítores y palmas los billaristas asomados a la balconada del Casino Español. La momia enlevitada respondía con cuáquera dignidad, alzándose la chistera, y con el saludo militar los ayudantes.
V
El Fuerte de Santa Mónica descollaba el dramón de su arquitectura en el luminoso ribazo marino. Formaba el retén en la poterna. El Tirano no movió una sola arruga de su máscara indiana para responder al saludo del Coronel Irineo Castañón —Pata de Palo—. Inmovilizábase en un gesto de duras aristas, como los ídolos tallados en obsidiana:
—¿Qué calabozo ocupa Don Roque Cepeda?
—El número 3.
—¿Han sido tratados con toda la consideración que merecen tan ilustre patricio y sus compañeros? El antagonismo político dentro de la vigencia legal, merece todos los respetos del Poder Público. El rigor de las leyes ha de ser aplicado a los insurgentes en armas. Aténgase a estas instrucciones en lo sucesivo, vamos a vernos con el candidato de las oposiciones para la Presidencia de la República. Coronel Castañón, rompa marcha.
El Coronel giró con la mano en la visera, y su remo de palo, con tieso destaque, trazó la media vuelta en el aire: Puesto en marcha, al tilingo de las llaves en pretina advirtió con marciales escandidos:
—Don Trinidad, vos nos precedés.
Corrió Don Trino con morisquetas quebradas por los juanetes. Rechinaron cerrojos y gonces. Abierta la ferrona cancela, renovó el trote con sones y compases del pretino llavero: Bailarín de alambre, relamía gambetas sobre el lujo chafado de los charoles. El Coronel Irineo Castañón, al frente de la comitiva, marcaba el paso. ¡Tac! ¡Tac! Por bovedizos y galerías, apostillaba un eco el ritmo cojitranco de la pata de palo: ¡Tac! ¡Tac! El Tirano, raposo y clerical, arrugaba la boca entre sus ayudantes lagartijeros. Echó los bofes el Coronel Alcaide:
—¡Calabozo número 3!