—Le tendré a usted al corriente, y repito mi enhorabuena. Es usted un grande hombre plutarquiano. Adiós, querido Celes.

—Vea usted al Presidente.

—Le veré esta tarde.

—Con esa promesa me retiro satisfecho.

VI

Currito Mi-Alma salió rompiendo cortinas y, por decirlo en su verba, más postinero que un ocho:

—¡Has estado pero que muy buena, Isabelita!

El Barón de Benicarlés le detuvo con áulico aspaviento, la estampa fondona y gallota, toda conmovida:

—¡Me parece una inconveniencia ese espionaje!

—¡Mírame este ojo!