—¡Entre mí estoy rezando!
IV
Recalaba sobre el camino la mirada Tirano Banderas:
—¡Chac! ¡Chac! El que tenga de ustedes mejor vista, sírvase documentarme y decirme qué tropa es aquella. ¿El jinete charro que viene delante no es el ameritado Don Roque Cepeda?
Don Roque, con una escolta de cuatro indios caballerangos, se detenía al otro lado del seto, sobre el camino, al pie de la talanquera. La frente tostada, el áureo sombrero en la mano, el potro cubierto de platas, daban a la figura del jinete, en las luces del ocaso, un prestigio de santoral románico. Tirano Banderas, con cuáquera mesura, hacía la farsa del acogimiento:
—¡Muy feliz de verle por estos pagos! A Santos Banderas le correspondía la obligación de entrevistarle. ¿Mi Señor Don Roque, por qué se ha molestado? Era este servidor quien estaba en el débito de acudir a su casa y darle excusas con todo el Gobierno. A este propósito ha sido el enviarle uno de mis ayudantes, suplicándole audiencia. Y usted, no más, extremando la cortesía, que se molesta, cuando el obligado era Santos Banderas.
Abría los brazos con encomio amistoso el Tirano. Apeábase Don Roque. Largas y confidenciales palabras tuvieron en el banco miradero de los frailes, frente al recalmado mar ecuatorial, con caminos de sol sobre el vasto incendio del poniente:
—¡Chac! ¡Chac! Muy feliz de verle.
—Señor Presidente, no he querido ausentarme para la campaña sin pasar a visitarle. Al acto de cortesía se suma mi sentimiento de amor a la República. He recibido la visita de su ayudante, Señor Presidente, y recién la de mi antiguo compañero Lauro Méndez, Secretario de Relaciones. He actuado en consecuencia de la plática que tuvimos, y de la cual supongo enterado al Señor Presidente.
—El Señor Secretario ha hecho mal si no le dijo que obedecía mis indicaciones. Me gusta la franqueza. Amigo Don Roque, la independencia nacional corre un momento de peligro, asaltada por todas las codicias extranjeras. El Honorable Cuerpo Diplomático —una ladronera de intereses coloniales— nos combate de flanco con notas chicaneras que divulga el cable. La Diplomacia tiene sus agencias de difamación, y hoy las emplea contra la República de Santa Fe. El caucho, las minas, el petróleo, despiertan las codicias del yanqui y del europeo. Preveo horas de suprema angustia para todos los espíritus patriotas. Acaso nos amenaza una intervención militar, y a fin de proponer a usted una tregua solicitaba su audiencia. ¡Chac! ¡Chac!