—¡Che! Una pasión.

El Doctor Carlos Esparza, rubio, miope, elegante, se incrustaba en la órbita el monóculo de concha rubia. El Doctor Aníbal Roncali le miró entre quejoso y risueño:

—Vos estás de chirigota.

El Ministro del Uruguay se disculpó con un aspaviento burlón:

—Aníbal, te veo próximo a dejar la capa entre las manos del Barón de Benicarlés. ¡Y eso puede aparejar un conflicto diplomático, y hasta una reclamación de la Madre Patria!

El Ministro del Ecuador hizo un gesto de impaciencia, acentuado por el revuelo de los rizos:

—¡Sigue el choteo!

—¿Qué pensás vos hacer?

—No lo sé.

—¿Sin duda no aceptar el puesto de secretario para colaborar en la gran empresa que tan elocuentemente tenés vos expuesto esta noche?