Generalito Banderas doblaba el pañuelo, muy escrupuloso y espetado:

—¿Se gana plata, Doña Lupita?

—¡Mi jefecito, paciencia se gana! ¡Paciencia y trabajos, que es ganar la Gloria Bendita! Viernes pasado compré un mecate para me ajorcar, y un ángel se puso de por medio. ¡Mi jefecito, no di con una escarpia!

Tirano Banderas, parsimonioso, rumiaba la coca, tembladera la quijada y saltante la nuez:

—¿Diga, mi vieja, y qué le sucedió al mecatito?

—A la Santa de Lima amarrado se lo tengo, mi jefecito.

—¿Qué le solicita, vieja?

—Niño Santos, pues que su merced disfrute mil años de soberanía.

—¡No me haga pendejo, Doña Lupita! ¿De qué año son las enchiladas?

—¡Merito acaban de enfriarse, patroncito!