—¿Qué otra cosa tiene en la mesilla?

—Coquitos de agua. ¡La chicha muy superior, mi jefecito! Aguardiente para el gauchaje.

—Pregúntele, vieja, el gusto a los circunstantes, y sirva la convidada.

Doña Lupita, torciendo la punta del rebocillo, interrogó al concurso que acampaba en torno de la rana, adulador y medroso ante la momia del Tirano:

—¿Con qué gustan mis jefecitos de refrescarse? Les antepongo que solamente tres copas tengo. Denantes, pasó un coronelito briago, que todo me lo hizo cachizas, caminándose sin pagar el gasto.

El Tirano formuló lacónico:

—Denúncielo en forma, y se hará justicia.

Doña Lupita jugó el rebocillo como una dama de teatro:

—¡Mi Generalito, el memorialista no moja la pluma sin tocar por delante su estipendio!

Marcó un temblor la barbilla del Tirano: