Abanicándose con el jipi asentía Don Celes:

—¡Indudable! Pero en ese postulado se contiene que el indio no es apto para las funciones políticas.

Don Teodosio se apasionaba:

—Flojo y alcoholizado, necesita el fustazo del blanco, que le haga trabajar, y servir a los fines de la sociedad.

Tornó el yanqui de los negocios mineros:

—Míster Araco, si puede estar una preocupación el peligro amarillo, ser en estas Repúblicas.

Don Celes infló la botarga patriótica, haciendo sonar todos los dijes de la gran cadena que, tendida de bolsillo a bolsillo, le ceñía la panza:

—Estas Repúblicas, para no desviarse de la ruta civilizadora, volverán los ojos a la Madre Patria. ¡Allí refulgen los históricos destinos de veinte Naciones!

Míster Contum alargó, con un gesto desdeñoso, su magro perfil de loro rubio:

—Si el criollaje perdura como dirigente, lo deberá a los barcos y a los cañones de Norteamérica.