—¡Ya apareció el periodista de raza!

El Director declinó el elogio con arcano fruncimiento de cejas y labio: Continuó dirigiéndose al macilento Vatecito:

—¿Quién tiene de compañero?

—Fray Mocho.

—¡Que no se tome de bebida ese ganado!

El Vate Larrañaga se encogió, inhibiéndose con su apagada sonrisa:

—Hasta lueguito.

Tornaba el vuelo de los aplausos.

VII

Sobre el resplandor de las aceras, gritos de vendedores ambulantes: Zig-zag de nubios limpiabotas: Bandejas tintineantes, que portan en alto los mozos de los bares americanos: Vistosa ondulación de niñas mulatas, con la vieja de rebocillo al flanco. Formas, sombras, luces se multiplican trenzándose, promoviendo la caliginosa y alucinante vibración oriental que resumen el opio y la marihuana.