El Tirano corría por el cielo el campo de su catalejo: Tenía blanca de luna la calavera:

—Cinco fechas para que sea visible el cometa que anuncian los astrónomos europeos. Acontecimiento celeste de que no tendríamos noticia a no ser por los sabios de fuera. Posiblemente, en los espacios sidéreos tampoco saben nada de nuestras revoluciones. Estamos parejos. Sin embargo, nuestro atraso científico es manifiesto. Licenciadito Veguillas, redactará usted un decreto para dotar con un buen telescopio a la Escuela Náutica y Astronómica.

El Licenciadito Nacho Veguillas, finchándose en el pando compás de las zancas, sacó el pecho y tendió el brazo en arenga:

—¡Mirar por la cultura es hacer patria!

El Tirano pagó la cordialidad avinada del pobre diablo con un gesto de calavera humorística, mientras volvía a recorrer con su anteojo el cielo nocturno. Los cocuyos encendían su danza de luces en la borrosa y lunaria geometría del jardín.

VIII

Tosca y esquiva, aguzados los ojos como montés alimaña, penetró, dando gritos, una mujer encamisada y pelona. Por la sala pasó un silencio, y los coloquios quedaron en el aire. Tirano Banderas, tras una espantada, se recobró batiendo el pie con ira y denuesto. Temerosos del castigo, se arrestaron la recamarera y el mucamo, que acudieron a la captura de la encamisada. Fulminó el Tirano:

—¡Chingada, guarda tenés de la niña! ¡Hi de tal, la tenés bien guardada!

Las dos figuras parejas se recogían, susurrantes en el quicio de la puerta: Eran, sobre el hueco profundo de sombra, oscuros bultos de borroso realce. Tirano Banderas se acercó a la encamisada, que con el gesto obstinado de los locos, hundía las uñas en la greña y se agazapaba en un rincón aullando:

—Manolita, vos serés bien mandada. Andate no más para la recámara.