Algunas parejas bailaban en el azoguejo, mecidas por el ritmo del danzón: Perezosas y lánguidas, pasaban con las mejillas juntas por delante de las rejas. El Coronelito, más bruja que un roto, acompañaba con una cuerda en el guitarrón, la voz en un trémolo:
—¡No me mates, traidora ilusión!
V
La cortina abomba su raso verde en el arco de la recámara: Brilla en el fondo, sobre el espejo, la pomposa cama del trato, y por veces todo se tambalea en un guiño del altarete. Suspiraba Lupita:
—¡Ánimas del Purgatorio! ¡No más, y qué sueño se me ha puesto! ¡La cabeza se me parte!
La tranquilizó el farandul:
—Eso se pasa pronto.
—¡Cuando yo vuelva a consentir que usted me enajene, van a tener pelos las tortugas!
El Doctor Polaco, desviando la plática, felicitó a la daifa con ceremonia de farandul:
—Es usted un caso muy interesante de metempsicosis. Yo no tendría inconveniente en asegurarle a usted contrata para un teatro de Berlín. Usted podría ser un caso de los más célebres. ¡Esta experiencia ha sido muy interesante!