—¡No!
—¡Lo juras, Nachito!
—¡Jurado!
—¿Que nada hablamos? ¡Pues lo habrás tenido en el pensamiento!
Nacho Veguillas, sacando los ojos a flor de la cara, saltó en el alfombrín con las dos manos sobre las vergüenzas:
—¡Lupita, tú tienes comercio con los espíritus!
—¡Calla!
—¡Responde!
—¡Me confundes! ¿Dices que nada hemos hablado del fin que le espera al Coronel de la Gándara?
Batían en la puerta, y otra vez renovábase la bulla, con el tema de copla y guitarro: