Nacho Veguillas, entre humorístico y asustadizo, azotó las nalgas de la moza, con gran estallo:

—¡Lupita, que te pasas de romántica!

—¡No me pongas en confusión, Veguillas!

—Si me estás viendo chuela toda la noche.

Tornaba la copla y el rasgueo, a la puerta de la recámara. Oscilaba el altarete de luces y cruces. Susurró la del trato:

—Nacho Veguillas, ¿llevas buena relación con el Coronel Gandarita?

—¡Amigos entrañables!

—¿Por qué no le das aviso para que se ponga en salvo?

—¿Pues qué sabes tú?

—¿No hablamos antes?