Gritó Veguillas:
—¡Ese secreto jamás ha salido de mis labios!
—¡Ya me haces dudar! ¡Patillas tomó tu figura en aquel momento, Nachito!
—Lupita, no seas visionaria.
Venía por el corredor acreciéndose la bulla de copla y guitarra, soflamas y palmas. Cantaba el valedor un aire de los llaneros:
—Licenciadito Veguillas,
saca del brazo a tu dama
para beber una copa
a la salud de las ánimas.
—¡Santísimo Dios! ¡Esta misma letra se ha cantado otra vez estando como ahora acostados en la cama!