Con las luces del alba la mustia pareja del ciego lechuzo y la chica amortajada escurríase por el Arquillo de las Madres Portuguesas. Se apagaban las luminarias. En los Portalitos quedaba un rezago de ferias: El tiovivo daba su última vuelta en una gran boqueada de candilejas. El ciego lechuzo, y la chica amortajada, llevan fosco rosmar, claveteado entre las cuatro pisadas:
—¡Tiempos más fregados no los he conocido!
Habló la chica sin mudar el gesto de ultratumba:
—¡Donde otras ferias!
Sacudió la cabeza el lechuzo:
—Cucarachita no renueva el mujerío y así no se sostiene un negocio. ¿Qué tal mujer la Panameña? ¿Tiene partido?
—Poco partido tiene para ser nueva. ¡Está mochales!
—¿Qué viene a ser eso?
—¡Modo que tiene una chica que llaman la Malagueña! Con ello significa los transtornos.
—No tomes el hablar de esas mujeres.