Nachito acabó de empavorizarse:

—¡Mujer infausta!

Se ovillaba cubriéndose hasta los pies con las faldetas de la camisa. El Coronelito le suspendió por los pelos: Veguillas, con la camisa sobre el ombligo, agitaba los brazos. Rugía el Coronelito:

—¿El Mayor del Valle tiene la orden de arrestarme? Responde.

Veguillas sacó la lengua:

—¡Me he suicidado!

LIBRO TERCERO

GUIÑOL DRAMÁTICO

I

¡Fue como truco de melodrama! El Coronelito, en el instante de pisar la calle, ha visto los fusiles de una patrulla, por el Arquillo de las Portuguesas. El Mayor del Valle viene a prenderle. El peligro le da un alerta violento en el pecho: Pronto y advertido se aplasta en tierra y a gatas cruza la calle: Por la puerta que entreabre un indio medio desnudo, lleno el pecho de escapularios, ya se mete. Veguillas le sigue arrastrado en un círculo de fatalidades absurdas: El Coronelito, acarrerado escalera arriba, se curva como el jinete sobre la montura. Nachito, que hocica sobre los escalones, recibe en la frente el resplandor de las espuelas. Bajo la claraboya del sotabanco, en la primera puerta, está pulsando el Coronelito. Abre una mucama que tiene la escoba: En un traspiés, espantada y aspada, ve a los dos fugitivos meterse por el corredor: Prorrumpe en gritos, pero las luces de un puñal que ciega los ojos, la lengua le enfrenan.