La raza africana, tal como nos la presentan los negros bozales, se encuentra como es de suponer, en un grado muy inferior de civilizacion respecto de la nuestra, pero ellos entre sí difieren y no poco, en caracteres, costumbres, creencias, cultura é inteligencia, segun el reyno ó nacion de donde proceden.
El tráfico negrero, ha importado á esta Isla hombres, mujeres y niños de diversos puntos del golfo de Guinea, pero mas principalmente del Congo, Macuá, Lucumí, Carabalí y Arará, reinos ó naciones del Africa, que mas se han prestado á esta clase de comercio humano.
Escasos de inteligencia y predominando en todos ellos, en general, el elemento material; apenas se descubre en ellos una leve chispa de su espíritu, esa divina antorcha que la voluntad del omnipotente coloca en la grosera envoltura de cada uno de sus hijos, para que ilumine sus pasos por la senda de la vida terrenal; pero con todo, en instintos y cualidades morales, se notan entre ellos, como decíamos anteriormente, muy marcadas diferencias, segun podrá observarse por el retrato que de cada uno damos á continuacion, producto del detenido estudio que de ellos hemos hecho y de los varios informes y noticias que hemos tomado de personas respetables del pais.
El negro Congo, es de entre los de su raza, el ser mas inteligente y el que con mas facilidad se adapta á nuestro lenguaje, usos y costumbres; pero á la vez es perezoso para el trabajo material: voluble, adulador y embustero; presuntuoso y vano, amigo de componerse de bayles y diversiones y de agradar á las hijas de Eva. Generalmente se saca mas partido de ellos dedicándolos al servicio doméstico, que á los trabajos del campo.
El Macuá, es de muy limitada inteligencia; tardío en amoldarse á nuestros hábitos y á nuestro idioma; de carácter arrebatado é irascible, aunque muy fácil de calmar en sus accesos y sobre todo es buen trabajador.
El Lucumí, es ardiente y belicoso; duro para el trabajo; enérgico y altivo, aunque como todos, de escasa inteligencia; lujurioso en el mas alto grado y aficionado en estremo á las bebidas alcoholicas, en las que á veces gasta cuanto posée.
El Carabalí, es avaro; de carácter sombrio y poco comunicativo con los demas negros que no son de su nacion; arraigado hasta el fanatismo á sus creencias religiosas y dotado de animales instintos, mas que de inteligencia.
Y por último, el Arará, dotado de medianas luces, es de carácter bondadoso, sencillo y franco; sumiso y aplicado al trabajo, descuella pronto en el ramo á que se le dedica, por que procura adelantar para cuando sea libre: comprende la ventajosa diferencia que hay de esta vida civilizada á la vida semi-salvaje de su pais y prefiere la primera. Amante de su familia, trabaja para ellos con ardoroso afan: cobra á su amo un estremado cariño y por nada del mundo le abandona ni descuida sus intereses que son para él sagrados. En fin, el negro Arará, es sin disputa el mejor de entre los que de su raza se conocen en esta Isla.
Las dotaciones de los cafetales, ingenios y demás fincas rurales; se componen de negros de nacion, ó sean los importados del Africa y de negros criollos, ó sean los nacidos aquí; sin que la ley establezca ninguna diferencia entre unos y otros, respecto á las condiciones de su esclavitud. Ambos se hallan protegidos igualmente bajo su salvadora égida; y los cuarenta y ocho artículos del Reglamento de esclavos, comprendido en el Bando de Gobernacion y política expedido en esta Isla por el Excmo. Sr. Don Gerónimo Valdés, Gobernador Superior Civil, y publicado en 14 de Noviembre de 1842, hoy vigente; dan una idea de la tierna solicitud con que el gobierno ha atendido siempre á esta raza, enseñándole á amarnos como bienhechores y amigos y no á odiarnos como despóticos señores.
Vamos á dar ahora una ligera idea de la interpretacion y cumplimiento que dan, la generalidad de los hacendados que poséen esclavos, al Reglamento antes citado; y se comprenderá el fundamento que tuvimos al emprender la publicacion de estas páginas.