Las razas fundaron pueblos, ciudades y reinos, y empezaron á establecerse entre ellos mismos distinciones, grados y gerarquías que hicieron señores á los unos, y siervos, esclavos ó vasallos á los otros.
Hé aquí, pues, el principio de la esclavizacion del hombre por el hombre; de esa ley que tantos siglos pesó sobre media humanidad, y que con tan ruidoso estruendo lograron quebrantar algunos pueblos, por aspirar el aura de libertad que mas tarde les habia de dar hambre, miseria, desesperacion y muerte.
Hé aquí tambien la cuna de las diferentes clases en que las modernas sociedades se hallan divididas en los pueblos de la vieja Europa; clases que han sufrido ya distintas modificaciones y reformas, desde los memorables tiempos del feudalismo hasta nuestros dias. Entre ellas se cuenta, como la mas numerosa, la del proletariado, á la cual hemos de consagrar algunas líneas en el siguiente capítulo.
II.
EL PROLETARIO.
Distínguese en Europa bajo este nombre, á aquel que, careciendo absolutamente de bienes, vive solo con el producto de su trabajo.
El es el que únicamente viene sosteniendo de siglo en siglo, de generacion en generacion y á través de las distintas fases por que ha pasado el mundo; el carácter del hombre primitivo, porque en el empleo de su fuerza material estriba su único elemento de produccion y subsistencia.
Labra y siembra los campos que son de otro, ya bajo los ardientes rayos del sol del medio-dia, ó ya azotado por el cierzo y las nieves del norte.
Su brazo es el alimento vivo é indispensable de todas las industrias y artefactos: tanto se encuentra en la elevada cúspide de una torre, como penetra en las entrañas de la tierra, en busca de los productos del reino mineral.
Sin él, el comercio y la navegacion, las artes y los oficios, la agricultura y la industria, no existirian; y la vida de los pueblos se arrastraria lánguida y miserable y sin adelantar un paso en las vias del progreso material é intelectual.
Y sin embargo, el proletario es en todos los pueblos y en todos los paises, el que menos garantida tiene su subsistencia y la de su familia; por mas que los filósofos y sabios de todos los tiempos, se hayan dedicado, con filantrópico afan, á mejorar las condiciones de esta clase desheredada de la sociedad.