—¿Pero qué es esto?—dijo.—Me parece, don Alfredo, que un hombre de la clase de usted...

—Señora, puede usted evitarse la molestia de darme lecciones que no estoy dispuesto á recibir; y en cuanto á lo demás, ya he dado explicaciones á su hija de usted, y todo quedará arreglado.

Quiso la madre replicar; pero Alfredo no escuchó, y salió sin dar tiempo á que le dirigiesen nuevas reconvenciones.

—Ya lo ves,—dijo la madre;—este hombre no me gustaba... Seria la primera vez que yo me hubiese equivocado.

Paquita guardaba silencio y lloraba.

Su madre no podia comprender todavía todo lo horrible de la situacion.

Bien puede decirse que la suerte de la jóven estaba decidida.

A quien más compadecemos es al honrado don Pascual.