—Si así te dejas arrebatar, jamás nos entenderemos.

—¡Estoy perdida!...

—Te dejas dominar por la primera impresion; pero cuando reflexiones recobrarás la calma.

—¡Dios mio!...

—No he venido para oirte llorar.

—¡Oh!...

—Adios... Creo que dentro de pocos dias volveré; pero si mis asuntos me obligan á detenerme, no pierdas por eso la tranquilidad, puesto que ya comprendes que más ó ménos tarde he de venir.

La jóven quiso hablar, y no pudo.

Sentíase medio ahogada.

Acudió la madre á tomar parte en la conversacion, porque era imposible que permaneciese mucho tiempo callada.