En el café del Sur se representan comedias, se baila, se canta, se fuma mucho tabaco virginia, se bebe mucho aguardiente, se oye un lenguaje que puede ruborizar á un coracero y se respira una atmósfera pesada y nauseabunda, capaz de resentir los pulmones más firmes.

Esto no mengua en nada el crédito de que goza el café del Sur, pues precisamente se ha establecido para hacer comedias que diviertan á los concurrentes y para que allí se beba y se fume, sin que á nadie deba hacerse responsable de la mala calidad del tabaco, á nadie más que al gobierno, que no lo vende mejor.

Junto á una de las mesas encontrábase Eduardo.

Habia bebido ya una copa de ron, y empezaba á beber la segunda, en tanto que aspiraba con verdadera delicia el humo del tabaco que en su pipa se quemaba, pipa que se habia guardado muy bien de sacar en presencia de su futura.

Juana entró en el café.

Se habia puesto su mejor ropa, y aunque el vestido era de percal, tenia mucho que ver cómo arrastraba una larga cola, que producia un ruido bastante desagradable, en tanto que con la mano izquierda levantaba la falda para no pisarla y lucir sus botas de color azul celeste, y con la diestra abria, cerraba y agitaba el abanico.

Una lluvia de piropos cayó sobre la sirviente; pero ella, sin tomar en consideracion tales atrevimientos, atravesó el café y fué á sentarse frente á Eduardo.

—Ea,—dijo,—aquí me tiene usted, y ahora veremos si puede convencerme de lo que no se convenceria la más tonta. ¿Lo entiende usted?

—Ante todo, es preciso que digas lo que quieres tomar.

—Yo no soy cumplimentera, ni hago remilgos como ese talego con quien se va usted á casar, porque ha de saber usted que nací en el barrio de Maravillas y allí todo el mundo habla muy claro.