Interrumpióse Juana, porque el mozo se acercó, preguntando:

—¿Qué se ofrece?

—Café con media tostada de abajo,—dijo la sirviente.

Pocos momentos despues estaba complacida.

—Mira, Juana, á mí no me vengas con música celestial, porque yo te conozco demasiado bien. Tú necesitas hacer tu negocio; yo tengo necesidad de satisfacer mi capricho, y por consiguiente...

—Poco á poco.

—¿Te ofendes?

—No; pero...

—Hablemos con claridad, como dices que hablan los de tu barrio. En este pícaro mundo los que andan con escrúpulos de monjas.