—Me parece que ni usted ni nadie puede enamorarse de semejante mujer; pero así dormirá usted tranquilo.

—Me caso con Adela...

—Por el dinero, ¿no es verdad?

—Sí.

—¿Y con ese dinero?...

—Obsequiaré á otra que pueda satisfacer mi gusto.

—Y eso es una picardía.

—Puedes darle el nombre que mejor te parezca; pero es una cosa que me agrada, que me conviene. Una picardía parece tambien que tú busques de cierta manera el dote que necesitas para casarte con tu Manolo, y sin embargo, lo harás feliz y tú podrás ser tambien dichosa sin que la conciencia te atormente.

Juana siguió tomando el café, y aunque era muy habladora, guardó silencio.