—Considere usted que si ya estoy comprometida...
—Jugarás el albur como yo lo juego, en la inteligencia de que no he de abandonarte, y si te decides por mí, nos reiremos de todo el mundo.
—En ese caso, lo mejor que puede hacer Manolo...
—Es arreglarse con mi mujer.
La sirviente soltó una carcajada, porque le parecia muy gracioso lo que acababa de decir Eduardo.
Este añadió:
—Los dos son tontos, y se entenderian perfectamente.
—Eso no puede suceder.
—Pero al ménos se contarán sus penas y se consolarán, mientras que nosotros pasaremos la vida lo mejor que nos sea posible. Ya sabes que á la fortuna la pintan calva, y si pierdes la ocasion...
—Es usted capaz de dar tentaciones á un santo.