Hay que advertir que dos dias antes habian despedido á la criada, y que despues de haberse ido esta, habia tenido en la mano los mil duros la esposa de don Pascual.
No podia, por consiguiente, sospecharse un robo, y mucho ménos cuando no se veian en el cofre señales de violencia.
Trascurrieron algunos minutos.
—Me equivoco,—murmuró por fin la mujer de Bonacha.
Y empezó á sacar una por una cuantas prendas habia en el cofre.
Los mil duros no parecian.
—¡Paca, Paca!—gritó la madre.
—¿Qué quieres?—respondió la hija, que acostumbrada ya á representar su papel de enferma, no se movia fácilmente.
—Ven, ven...