—Si es preciso llamar á un médico para que el mundo no se ocupe de mi hija, que el médico venga.
Y segun se habia convenido, fué á visitar á la enferma el médico amigo de doña Robustiana.
El honrado don Pascual continuó encerrado en su reserva.
Al cabo de una semana declaró el médico que era imposible que Paquita se salvase si no pasaba algunos meses bajo la influencia del clima benigno de alguna de las provincias del Mediodía, y designó los puntos que le parecian más convenientes.
No se opuso don Pascual al viaje, ni mucho ménos pensó en pedir licencia para acompañar á su familia.
Guardando siempre su tenaz silencio, se fué en busca de un prestamista, tomó dos mil reales, que debian servir para los primeros gastos del viaje, y firmó un recibo de tres mil y quinientos, cantidad que debia descontársele de su paga en virtud de providencia judicial y en el espacio de unos once meses.
Entre tanto, su esposa quiso empezar á hacer uso de los veinte mil reales pera comprar vestidos y adornos, pues hay que advertir que á pesar de todas sus desgracias, no se habian curado radicalmente, ni habian escarmentado aquellas dos infelices.
Abrió el cofre en cuyo fondo guardaba el dinero; pero este habia desaparecido.
Quedó la esposa de don Pascual inmóvil, sin aliento, con la mirada fija y abiertos los ojos como si fuesen á saltar de sus órbitas.