Fijó una mirada profunda en su esposa, y despues de algunos momentos dijo:
—Me parece que el médico nada puede hacer.
Tembló la esposa de Bonacha y bajó los ojos, como si no se atreviese á arrostrar la mirada de su marido.
Este se puso el sombrero, tomó el baston y dijo sencillamente:
—Hasta luego.
¿Sospechaba la verdad?
Su mujer hubiera querido averiguarlo; pero no se atrevió á provocar explicaciones sobre este punto.
Pasaron otros tres dias, y ya todos los amigos mostraban extrañeza porque á la jóven la tuviesen en tal abandono, sin acudir á los socorros de la ciencia.
—Viéndolo estás,—dijo la mujer al marido;—la gente murmura, y tiene sobrada razon.