—Sufro y me resigno, porque Dios lo manda así.

—Pero resignarse no es abandonarse.

—¿Y qué quieres decir?—replicó don Pascual, mientras tomaba el sombrero para salir.

—Quiero decir, que es preciso que á nuestra hija la vea un médico.

—¡Un médico!—exclamó Bonacha con acento de profunda sorpresa.

—Sí.

—¿Y qué ha de hacer el médico?

—Curarla.

Cambió de expresion el rostro de don Pascual.

No era en aquellos momentos el hombre cándido y bonachon.