Don Pascual se concretaba á preguntar á su hija si se sentia mejor; pero ni siquiera nombró á los médicos.

¿Cómo se explicaba esto en un hombre tan cariñoso, y que siempre habia llevado hasta la exageracion los cuidados por su hija?

Era inexplicable su conducta.

Otra semana pasó, y como don Pascual no parecia dispuesto á cambiar de sistema, su mujer le dijo:

—¿En qué piensas?

—En trabajar lo mismo que siempre,—respondió Bonacha.

—Nuestra pobre hija está cada dia peor.

—Ya lo veo.

—¡Y lo dices con esa calma!...