La esposa de don Pascual y doña Robustiana se abrazaron y se dirigieron las palabras más cariñosas.
Aquel mismo dia, cuando don Pascual volvió á su casa, se encontró acostada á su hija.
—¿Qué es esto?—preguntó.
—Me duele mucho la cabeza; pero no es nada de cuidado,—respondió la jóven.
Hizo Bonacha un gesto de disgusto, y guardó silencio.
Paquita apenas tomó alimento, asegurando que la comida le repugnaba.
Cuando llegó la noche, la viuda habló á sus tertulianos de la enfermedad de Paquita.
Esta supo representar admirablemente su papel.
Fueron á visitarla sus amigos, y antes de una semana todos decian que la jóven no podia vivir.