Levantóse al fin la jóven, mientras decia:

—Mamá, tienes la cabeza trastornada, lo cual debe consistir en tu edad.

—Si alguna de las dos está loca, debes ser tú, y si no piensa en lo que te ha sucedido.

—¿Quieres armar un escándalo?

—Lo que quiero es morirme,—dijo la madre, revolviendo una y otra vez las prendas, que del cofre habia sacado.

La jóven comprendió entonces toda la gravedad de lo que sucedia; pero abrigó la esperanza de que su madre hubiese guardado en otro cajon el dinero y que no se acordase.

Desde el cofre fueron á una cómoda, y luego á la única mesa que tenia el cajon.

No estaban los billetes en ninguna parte.

Puede decirse que revolvieron la casa y registraron hasta el interior de los colchones.