Llevaba corbata de vivos colores, grandes botones en la camisa, guantes amarillos y un baston muy delgado con puño reluciente y que sin cesar le servia de entretenimiento.

No queria este aparecer sublime, ni pobre, ni tímido; sino todo lo contrario, pues tenia pretensiones de hombre de mundo, de calavera, de desalmado, y con frecuencia hablaba de orgías, de aventuras amorosas, de desafíos y de otras cosas del mismo jaez.

Vivia con el producto de un modesto empleo; pero él aseguraba que recibia de sus parientes cantidades de consideracion, que se disipaban sobre el tapete verde y en otros excesos.

Llamábase Juan, y por su desgracia no tenia derecho al apellido de Tenorio, sino al de Gonzalez.

No era posible que el imberbe Juanito engañase al mundo, pues ninguna habilidad tenia para representar su papel.

Ni siquiera habia sospechado que al hacerse el calavera se ponia en ridículo, sino que, por el contrario, creia firmemente que todos lo miraban como puede mirarse á un verdadero don Juan.

A pesar de esto, escuchaba humildemente las órdenes que sus jefes le daban, no se atrevia á faltar á la oficina, y con la mayor prudencia evitaba cualquiera cuestion que pudiera tener un término desagradable.

A Juanito le sucedia lo que desgraciadamente le sucede á muchas criaturas, empeñándose en ser todo lo contrario de aquello para que han nacido, con lo cual resulta que no se llega á ser nada.

Los que tienen el buen talento de aprovechar sus disposiciones naturales, consiguen más ó ménos tarde hacer su fortuna.

El jóven era débil, y se empeñaba en ser fuerte; era tímido, y queria aparecer valeroso; tenia un corazon sensible, y se esforzaba para obrar como descorazonado.