—Sí.

—Pues ahora veremos cómo se hace el milagro.

—Muy sencillamente.

—Me picas la curiosidad, y quiero conocer el secreto.

—Muriéndose, no es preciso comer,—dijo don Pascual.

—¡Pascual, Pascual!...

—Todas las necesidades,—dijo con dulzura el hombre bonachon,—concluyen en la sepultura.

—Si no te has vuelto loco, quieres hacernos perder el juicio.

—¿Os infunde miedo la muerte?