—Sí, yo te lo mando.
—¿Y por qué ha de irse?
—Porque no quiero que oiga lo que voy á decir.
—Pero...
—Paca, te he mandado salir,—replicó imperiosamente don Pascual.
Su hija tembló y obedeció.
Arrepintióse la madre de haber provocado aquellas explicaciones, porque comprendió lo que debia suceder.
Cuando marido y mujer quedaron solos, el rostro del primero cambió, volviendo á ser el mismo hombre á quien hemos visto ya frente á Saavedra, y provocando la cólera de este.
—Pascual,—dijo tímidamente la esposa,—tú estás trastornado...