—Tal vez.

—Sin duda tu salud...

—Es buena.

—No quiero que te incomodes, porque si caes enfermo será peor. Reconozco que me he dejado arrebatar; pero es tan triste nuestra situacion...

—Calla y escúchame.

—Te veo tan alterado que...

—No perderé la calma, descuida.

—Mañana hablaremos...

—Ha de ser ahora.

—Obedezco y te escucho.