—Mientras nuestra hija sea una esposa fiel, de nada podrá quejarse Juanito. Lo pasado pasó, y así como ella no le pide cuentas de lo que ha podido hacer antes de casarse...

—No prosigas.

—Reflexiona bien...

—Nuestra hija va á cometer otra falta, quizá más grave que la primera; pero no le pondré obstáculos, porque no quiero ser responsable de su suerte.

—Ya que se le presenta esa proporcion...

—Hemos concluido.

Y no quiso escuchar más el desgraciado Bonacha, sino que tomó el sombrero y salió.

No necesitó preguntar Paquita para saber lo que habia sucedido, pues curiosa en demasía, habia estado escuchando.

Con el rostro lívido y descompuesto se presentó la jóven á su madre.

—¡Todo lo sabe!—exclamó esta.